La sal no es una amiga, sino una saboteadora en tu cocina. ¿Se agregó en el momento equivocado? El plato ya no se puede guardar.
El secreto es cuándo, no cuánto.
Por ejemplo, al salar la carne antes de freírla, se elimina la humedad de la misma. El filete se vuelve duro como la suela de un zapato.

Añade sal 10 minutos antes de que esté listo: la sal tendrá tiempo de penetrar las fibras, pero no de secarlas.
Para las sopas, la regla es la opuesta: añadir la sal al principio de la cocción, de lo contrario las verduras quedarán insípidas.
Pruebe la técnica de la “capa de sal”: extienda una pizca sobre la superficie del plato terminado antes de servir. Esto realzará el sabor sin dominar los aromas naturales.
Pero evite la sal yodada para cocinar: cuando se calienta a más de 120 °C, el yodo se evapora, dejando un sabor metálico.
Científicos del MIT han descubierto un hecho curioso: la sal cambia la percepción de la temperatura. Los alimentos salados parecen 5-7 °C más calientes. Esto explica por qué la sopa “quema” la lengua incluso cuando está a una temperatura segura.
Añade la sal poco a poco, probando el plato en cada etapa.
¿Cómo arreglar un plato demasiado salado? Las patatas y el arroz absorberán el exceso de sal: agréguelos durante 10 minutos y luego retírelos.
Para sopas y salsas, utilice jugo de limón o vinagre: el ácido neutraliza la salinidad. Pero recuerda: estas son medidas extremas.
Es mejor salar poco que salar demasiado: siempre se puede añadir, pero no quitar.