¿Compraste una baguette fresca y al cabo de un día se cubrió de pelusa, como si la hubiera lamido un gato?
Culpas a la tienda, al clima o incluso al destino, pero el verdadero enemigo es tu panera.
Sí, el mismo que limpias una vez al mes. Resulta que la madera y el plástico acumulan esporas de moho que atacan al pan nuevo como zombis hambrientos. Solución

Guarde el pan en una bolsa de lino o en una cacerola normal con tapa. La tela absorbe el exceso de humedad y el metal no deja lugar al moho.
He aquí otro hecho que te dejará con la boca abierta: el pan no debe cortarse inmediatamente después de comprarlo. Déjalo “respirar” durante una hora sobre la mesa: así la corteza quedará crujiente y la miga no se convertirá en una pasta.
¡Y nunca lo metas en el frigorífico! Las bajas temperaturas aceleran el envejecimiento y en un par de horas el pan se convertirá en un ladrillo.
Pero el truco más importante es... el congelador. Sí, congela el pan de molde y luego caliéntalo en la tostadora. Quedará tan fresco como recién salido del horno y el moho ni siquiera pensará en aparecer.
Y sí, si queréis devolverle la vida al pan seco, rociadlo con agua y metedlo al horno durante 5 minutos. Se levantará como el ave fénix y te lo agradecerá con un crujido.