Pones la tarta exactamente a 180°C, como aconseja el blogger, pero después de 20 minutos ya está ennegrecida por los bordes y el centro crudo.
¿Te suena familiar? El culpable es la "conspiración de la temperatura" de su horno.
La mayoría de los hornos domésticos calientan de manera desigual: la pared trasera está caliente y la del medio apenas está tibia. Los fabricantes lo saben, pero no tienen prisa en cambiar la tecnología: al fin y al cabo, de esta manera comprarás un nuevo modelo más rápido.

¿Cómo revisar tu horno? Coloque los trozos de pan blanco en una bandeja para hornear y suba el fuego a 200°C. Después de 10 minutos verás donde el pan está quemado y donde queda pálido. Éstos son los "puntos calientes".
¿Cómo lidiar con esto? Compra un termómetro de horno (cuesta tanto como una taza de café) y colócalo en la rejilla. Descubrirás que tu horno está “mentira” a 20–30°C y ajustarás la temperatura.
Por ejemplo, si una receta requiere 180 °C y el termómetro marca 210 °C, reduzca el fuego. Otro secreto: colocar siempre los productos horneados en un nivel inferior al indicado en la receta.
Y nunca abras la puerta durante los primeros 15 minutos: el cambio de temperatura hará que el pastel se asiente.
Después de un mes de práctica, comenzarás a hornear galletas sin grietas, pan con corteza crujiente e incluso dominarás el merengue.
Y además, olvídate del modo convección: solo es necesario para hornos industriales, pero en casa crea un caos.