¿Pasas dos horas viendo vídeos de gatos mientras el proyecto está en marcha? Suena familiar.
Pero no confundas la procrastinación con la pereza: están lejos de ser lo mismo.
La procrastinación es más bien una batalla entre el sistema límbico, que anhela la gratificación instantánea, y la corteza prefrontal, que es responsable de la planificación.

La buena noticia es que el cerebro puede ser burlado.
Comencemos con la “regla de los dos minutos”. Si una tarea parece abrumadora al principio, dígase a sí mismo: “Solo le dedicaré 120 segundos”.
Es más difícil empezar que continuar. Lo más probable es que, una vez que empieces, te adentres en el asunto y trabajes más de los dos minutos proverbiales.
Incluso si no, un par de minutos útiles son aún mejores para lograr resultados que cero.
Algunas personas encuentran que un "ancla de productividad" ayuda. Créalo tú mismo. Para ello, por ejemplo, puedes usar una diadema especial o poner una determinada lista de reproducción sólo mientras trabajas.
Con el tiempo, el cerebro asociará estas señales con el modo de concentración y será más fácil cambiar.
El enemigo más peligroso que existe es el perfeccionismo. El miedo a hacer algo “no perfectamente” actúa sobre la persona como una parálisis.
¿Qué se puede hacer en una situación así? Escribe el primer borrador intencionadamente mal. Es psicológicamente más fácil corregir un texto existente que crear una obra maestra desde cero.
Consejo de experto: Divida la tarea en pasos pequeños. En lugar de “escribir un artículo” - “abrir un documento”, “escribir un título”, “escribir el primer párrafo”.