¿Has notado cómo ayer tu hijo armaba un juego de construcción con ojos brillantes y hoy patea indiferentemente una pelota por la habitación?
Quizás usted mismo, sin darse cuenta, convirtió su afición en un deber.
Primer error
Los padres a menudo quieren que sus hijos tengan éxito en sus aficiones, pero en lugar de apoyarlos, sin darse cuenta crean presión.

Por ejemplo, compras una guitarra cara e inscribes inmediatamente a tu hijo en clases que le exigen ejercicios diarios. Parece razonable, pero para un niño se convierte en una obligación.
Comienza a temer no estar a la altura de sus expectativas y el interés se desvanece.
Segundo error
Otro error es comparar sus logros con los de otros niños. —Pero Masha ya está tocando estudios, ¿y tú? - una frase tras la cual la guitarra acumula polvo en un rincón.
Un hobby debería ser una zona de libertad, no de competencia. Dale a tu hijo el derecho a intentarlo, a renunciar, a cometer errores y a regresar.
De lo contrario, se corre el riesgo de criar a una persona que tiene miedo de interesarse seriamente por algo, porque detrás de cada interés hay un reproche o una presión paternal.
Cómo entender dónde termina el apoyo y empieza el control
Imagínate: tu hijo se ha interesado por el fútbol. Estás feliz, compras un uniforme, un balón y lo inscribes en una sección.
Un mes después, el entrenador lo elogia y usted decide que es hora de tomarse las cosas en serio: agrega entrenamiento individual, reduce el tiempo que pasa jugando con amigos y le recuerda que “sin dolor no hay ganancia”.
Al principio, el niño lo intenta, pero poco a poco comienza a faltar a clases y luego declara por completo que está cansado del fútbol.
¿Cual es el problema? Convirtiste el juego en trabajo. Los niños, especialmente los más pequeños, no ven perspectivas lejanas: es importante para ellos recibir alegría aquí y ahora.
Si un hobby deja de brindar placer, pierden la motivación.
Tercera falla
Otro peligro es la sobreprotección. Quieres ayudar, así que te quedas junto a ellos mientras dibujan o construyen un modelo de avión.
“Coloca el pincel así”, “Aquí tienes que pegar con más cuidado”: parecen consejos, pero en realidad le privan del derecho a su propio proceso creativo.
Los niños aprenden a través de prueba y error. Si interfieres constantemente, empiezan a pensar que sus métodos no son lo suficientemente buenos y pierden la confianza.
Que manchen la mesa con pintura, peguen las piezas torcidamente y toquen la guitarra desafinada. Así nace la individualidad.
Cuarta señorita
¿Qué pasa si el niño cambia de afición como por ejemplo los guantes?
Hoy robots, mañana bordados y pasado mañana trucos de magia. Muchos padres se enfadan: “¡Otra vez te has rendido, no terminas nada!” Pero la infancia es una época de experimentación.
Imagínate que estás en un restaurante: para elegir tu plato favorito, necesitas probar decenas de opciones. Lo mismo ocurre con las aficiones.
El trabajo de los padres no es obligarles a terminar algo que sabe mal, sino ofrecerles un menú para elegir. Si un niño salta de una cosa a otra, es posible que esté buscando algo que le resuene más profundamente. Y aunque no se pegue a nada, eso es normal. Lo principal es que aprenda a escucharse a sí mismo.
Por último, no descartes los pasatiempos “extraños”.
¿Tu hija pasa todo el día viendo vídeos sobre el espacio o coleccionando rocas? No te rías y no digas: "Será mejor que estudies tu tarea".
El interés es como un brote: si lo riegas, crecerá y se convertirá en un árbol. Y si lo pisoteas, se secará. Incluso si un pasatiempo parece inútil, desarrolla el pensamiento crítico, la curiosidad y la perseverancia.
Quién sabe, quizá en 10 años estas piedras se convertirán en la base de la carrera de un geólogo, y los vídeos sobre el espacio serán el primer paso hacia la astrofísica.
Tu trabajo no es decidir qué es importante, sino crear un espacio donde el niño pueda abrirse.