Muchos jardineros se enfrentan a un problema: las plántulas se vuelven amarillas, se marchitan y mueren, a pesar del cuidado adecuado.
Resulta que muchas veces la causa no es la falta de cuidado, sino el exceso de agua. El riego excesivo del suelo provoca el desarrollo de infecciones fúngicas, incluida la pata negra, que destruye las plantas jóvenes en cuestión de días.
La solución al problema es más sencilla de lo que parece: basta con mirar en el botiquín.

El carbón activado no sólo neutraliza las toxinas, sino que también regula eficazmente la humedad del suelo.
Basta con triturar 1-2 tabletas y distribuir uniformemente el polvo sobre la superficie del suelo. La sustancia absorberá el exceso de agua, creando un microclima óptimo para las raíces.
Esto evita la putrefacción y suprime el desarrollo de microorganismos patógenos. Las plántulas dejan de “asfixiarse” en el suelo húmedo y sus tallos y hojas ganan fuerza rápidamente.
Para prevenir los hongos, los expertos aconsejan agregar carbón en polvo no solo ante los primeros signos de riego excesivo, sino también en la etapa de preparación del suelo.
Al mezclarlo con la tierra antes de plantar las semillas, puede aumentar la soltura del sustrato y proteger las futuras plántulas del moho.
Es importante no exagerar: 1-2 pastillas por bote mediano son suficientes.
Este método no requiere costes económicos, pero garantiza la salud de las plántulas incluso en condiciones de alta humedad.
El resultado se nota al cabo de unos días: las plantas adquieren un color intenso y su crecimiento se acelera.
El carbón activado es una forma sencilla y segura de transformar brotes frágiles en plántulas resistentes y listas para plantar.