Te encuentras pensando que las conversaciones han empezado a parecerse a negociaciones entre dos socios comerciales: "¿Compraste pan?" - "Sí." "¿Te llevarás al niño?" - "Bien".
Y así continúa, día tras día. ¿Te suena familiar? Si es así, es posible que su relación ya se haya convertido en un zombi: un cadáver ambulante que sólo parece vivo.
1. Ya no peleas más. Incluso si los conflictos parecen inútiles porque nadie intenta demostrar o cambiar nada, esto es una señal de alarma. Cuando no te importa cómo pasa su fin de semana o a quién le escribe, eso no es confianza: es indiferencia.

2. Sueñas con un futuro… sin él. Imagínate mudarte a otro departamento, cambiar de trabajo o tener un perro: simplemente no hay lugar para él en esas fantasías.
3. Sus toques se volvieron insoportables. Su mano en tu cintura solía hacer que tu corazón latiera más rápido. Ahora te alejas involuntariamente cuando él intenta abrazarte por los hombros. El cuerpo no miente: si la intimidad física provoca incomodidad o irritación, la conexión emocional está rota desde hace tiempo.
4. Has dejado de compartir pequeñas cosas. Cuando desaparece el deseo de compartir trivialidades, también desaparece la intimidad emocional. No sois enemigos, sois compañeros de piso que se saludan educadamente en el pasillo.
5. No recuerdas la última vez que os reísteis juntos. La risa es un indicador de una relación viva. Una señal de advertencia si te encuentras viendo videos divertidos solo y su risa por los memes te irrita.
6. Pones excusas para no pasar tiempo juntos. “Tengo que quedarme hasta tarde en el trabajo”, “me duele la cabeza”: esto no es cansancio, es una rebelión subconsciente contra el vacío que se ha instalado entre vosotros.
7. Sueñas con tener una aventura amorosa. No se trata de una persona específica, sino de sentimientos: que alguien haga latir de nuevo el corazón, que regale flores, que escriba poesía. Esto no es una traición, es un grito del alma que se asfixia en esta relación.
8. Lo comparas con otros y él pierde. Antes era “el más inteligente”, “el más amable”. Ahora observas cómo tu colega hace un chiste divertido, y el amigo de tu amigo mira con ternura a su esposa. Te encuentras pensando: “¿Por qué el mío no puede hacer eso?” La respuesta es sencilla: porque tu “él” ya no es tuyo.
9. Lloras solo. Escondes lágrimas de rencor o decepción en el baño. Porque ya sabes, si él te pregunta: “¿Qué pasó?” no podrás explicarlo. O no querrás hacerlo. Estás cansado de golpearte la cabeza contra la pared de su incomprensión.
10. Vives en el pasado. Cuando lo único que te conecta son los recuerdos y no los planes, la relación se ha convertido en un museo. Y tú eres su único visitante.